Alefato Hebreo
LA ESTRELLA DE DAVID
Todos cabemos dentro de ella. Incluso, todas las letras del alfabeto judío: lo comprobamos con estos dibujos.



Video para aprender los sonidos al leer.
Que Hashem bendiga y cuide al pueblo de Israel y de los creyentes en el Mashiakh resucitado, y que el Ruakh Hakodesh (el Espíritu Santo) nos guie hacia esa estrella luminosa y brillante como lo es la Estrella de David y esa estrella es Yeshua Hamashiakh en la nueva Yerushalayim (Jerusalem) y nos permita con el Mashiakh Yeshua, como rey.
Todos cabemos dentro de ella. Incluso, todas las letras del alfabeto judío: lo comprobamos con estos dibujos.



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Que Hashem bendiga y cuide al pueblo de Israel y de los creyentes en el Mashiakh resucitado, y que el Ruakh Hakodesh (el Espíritu Santo) nos guie hacia esa estrella luminosa y brillante como lo es la Estrella de David y esa estrella es Yeshua Hamashiakh en la nueva Yerushalayim (Jerusalem) y nos permita con el Mashiakh Yeshua, como rey.
La Lunas rojas y la relaciòn con el pueblo de Dios
Es interesante el tema y empezamos a investigar sobre posibles conexiones con las pasadas y futuras "Fiestas judías"... y para nuestra sorpresa encontramos que hay conexiones muy importantes.
"Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre y fuego y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová." (Joel 2:30 -31)
Aeropuerto Internacional Ben Gurion
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| en un viaje internacional. |
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Confesar para salvación
Confesión de fe
Que si confesares con tu boca que Yeshua es Adonai,
y creyeres en tu corazón que Elohim le
levantó de los muertos, serás salvo.
Porque con el corazón se cree para justicia,
pero con la boca se confiesa para salvación.
Romanos 10:9-10
¿Qué significa creer para justicia? Qué es una persona justa?. Debemos entender que estos conceptos solo pueden estar medidos con las Escrituras. En otras palabras, no se trata de lo que yo considero justo, si no de lo que El Eterno considera a un justo y es aquel hombre o mujer que guarda La Ley, es decir sus leyes, mandamientos, preceptos,
estatutos, juicios y testimonios.
Ambos eran justos delante de Elohim porque y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor. E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elias, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebendes (desobedienes) a la prudencia (obediencia) de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto. Lucas 1:6-17
Ambos eran justos delante de Elohim porque y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor. E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elias, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebendes (desobedienes) a la prudencia (obediencia) de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto. Lucas 1:6-17
Confieso y creo lo siguiente con justicia:
"Que si confesares con tu boca que JESUS es el Señor,Y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.Porque con el corazón se cree para justicia,Pero con la boca se confiesa para salvación".(Romanos 10:9-10 Biblia Reina Valera 1960) y me arrepiento de corazon de todos mis pecados cometidos.
Quién es justo ante Dios?
Dios considera justo a aquel hombre o mujer que guarda sus leyes, mandamientos, preceptos, estatutos, juicios y testimonios.Lucas 1:6-17
Pero algo muy importante en esta confesión es estar arrepentido de todos mis pecados y que en el futuro nunca mas he de volver a cometerlos, pero si caigo en estos pecados nuevamente, Dios me ayudarà a levantarme porque mi intención fue verdadera en el momento de la confesión.
La Menorah
La menorá (también escrito como maraca o menorah; en hebreo מנורה) es un candelabro o lámpara de aceite de siete brazos, uno de los elementos rituales del judaísmo y asimismo uno de sus símbolos más antiguos; representaría los arbustos en llamas que vio Moisés en el Monte Sinaí (libro del Éxodo, 25). Es uno de los símbolos oficiales del Estado de Israel, apareciendo en su escudo.
Según la historia, se encontraba en el Tabernáculo, y luego en el templo de Salomón.
Conocemos su apariencia entre otras cosas porque después que los romanos ocuparon el templo y destruyeron Jerusalén, se llevaron el candelabro a Roma.
A veces se confunde con la Januquiá, un candelabro de nueve brazos usado en la jánuca que es erróneamente llamado menorá.
Según la historia, se encontraba en el Tabernáculo, y luego en el templo de Salomón.
Conocemos su apariencia entre otras cosas porque después que los romanos ocuparon el templo y destruyeron Jerusalén, se llevaron el candelabro a Roma.
A veces se confunde con la Januquiá, un candelabro de nueve brazos usado en la jánuca que es erróneamente llamado menorá.
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Menorah de siete brazos o luces |
Una menorá (o menora o menorah) procedente de una pieza de oro era usada en el Tabernáculo, el santuario portátil usado por los judíos (Ex 25,31-40; 37,17-24) y más adelante en su sucesor, el Templo de Jerusalén. Lámparas encendidas con aceite de oliva eran colocadas al final de cada brazo. Desde la destrucción del Templo, la menorá de siete brazos no ha tenido un rol formal en los servicios judíos. Para recordar la santidad del Templo, algunas autoridades olvidaron la fabricación de la menorá tal y como la que allí se usaba.
Lo cierto es que el candelabro con sus siete brazos representan:
Lo cierto es que el candelabro con sus siete brazos representan:
* 1 - El Espíritu de Yahvé (el brazo que se encuentra en el centro),
* 2 y 3 - Espíritu de Sabiduría y de Inteligencia (A los brazos que se encuentran a cada lado del que está en el centro repectivamente),
* 4 y 5 - Espíritu de Consejo y Poder (A los que se ubican en el centro de cada lado repectivamente),
* 6 y 7 - Espíritu de Conocimiento y de Temor a Yahvé (los que se encuentran a cada extremo del candelabro respectivamete) (Isaias 11:2)
Su orígen: En la Torá se puede leer que Dios reveló el diseño de la menorá a Moisés. Una planta que crece en Israel llamada la moriah típicamente tiene siete ramas y se parece a una menorá, llevando a la teoría de que sirvió de inspiración a su diseño.
Januquiá de plata usada en Janucá
Janucá (חֲנֻכָּה, y sin puntuación diacrítica חנוכה), llamada también la «Fiesta de las Luces» o «Lucernarias», es una festividad judaica.
Celebrada durante ocho días, conmemora la derrota de los helenos y la recuperación de la independencia judía a manos de los macabeos sobre los griegos, y la posterior purificación del Templo de Jerusalén de los iconos paganos, en el siglo II a. C.
La tradición judía habla de un milagro, en el que pudo encenderse el candelabro del Templo durante ocho días consecutivos con una exigua cantidad de aceite, que alcanzaba sólo para uno. Esto dio origen a la principal costumbre de la festividad, que es la de encender, en forma progresiva, un candelabro de nueve brazos llamado januquiá (uno por cada uno de los días más un brazo mas alto «piloto»).
Fuente: Internet
3era Nota Cristiana
¿Cómo se salvaban las personas en el Antiguo Testamento?
Antes de contestar le debo decir que el problema comienza cuando comenzamos a ver la historia "partida o dividida en "dispensaciones y mucho peor calificar esas dispensaciones tajantemente como "ley y "gracia ya que de ahí se derivan ciertos malentendidos que de no ser debidamente aclarados pueden causar más problemas de los que se tratan de arreglar. Hay varias cosas que debemos mantener en mente cada vez que tratamos con el tema de la salvación, y lo veremos a continuación.
Primero, la Biblia enseña que la salvación es solamente "por gracia por medio de la fe (Efesios 2) Esta gracia salvadora abarca TODA la historia del mundo (Hebreos 11:1, 6ss), comenzando desde Adán hasta el último ser que viva sobre esta tierra. Nadie ha sido, ni es, ni será salvado sino solamente por la Soberana Gracia de Dios. Como sabemos, la razón por la cual la salvación es por gracia es por que si no fuera de esa manera NADIE fuese salvo ya que la salvación por obras es imposible (Romanos 3:23; 6:23). El Apóstol Santiago nos recuerda que el que guarda toda la ley (mandamientos de Dios) y fracasa en un punto ha violado TODA la ley (Santiago 2:10). Es decir la demanda de Dios al hombre es "obediencia perfecta (Mateo 5:48). Pero eso nos lleva a tomar un paso más hacia atrás al principio de la creación del hombre. Dios hizo un Pacto de obras con Adán (Oseas 6:7) Cuando Dios pone a Adán en el huerto de Edén le da un mandamiento (LEY) la cual el debe seguir fielmente para poder ALCANZAR la vida eterna. Como nos dice la Escritura Adán "quebrantó el pacto trayendo condenación para él y toda su descendencia (Romanos 5:12, 19, 21.) Al darse cuenta que estaba en pecado, Adán y su mujer cocieron vestidos de hojas para "cubrir su desnudez (Génesis. 3). Este esfuerzo por parte del hombre le identifica con "las obras humanas aparte de la fe. Vemos en la historia del Génesis que Dios cubre la desnudez de Adán proveyendo pieles posiblemente de un par de corderos para que la culpa de Adán fuese cubierta.(Génesis 3:21) Dios había dicho a Adán que "el día que comas del árbol de la ciencia del bien y del mal, ese día morirás (Génesis 2:17). La Biblia nos enseña que Adán trajo muerte espiritual a toda la humanidad PERO la muerte FÍSICA no la recibe inmediatamente. Dios no mata a Adán físicamente por su pecado sino que cubre su desnudez matando a un animal ‘inocente en su lugar ¡Eso es GRACIA! Como todos sabemos ese acto apunta hacia la obra redentora de Cristo, el cordero de Dios en la cruz del Calvario.
Pero el problema sigue. Aunque Adán antes de pecar tenía toda la capacidad para no pecar, ahora después de la caída pierde es capacidad pues se ha hecho ‘ESCLAVO DEL PECADO y toda su descendencia junto con él. SIN EMBARGO Dios sigue demandando obediencia perfecta (Santiago 2:10; Romanos 10:5) . El simple hecho de que el hombre no puede obedecer a Dios perfectamente no le ‘libra de la responsabilidad que le sigue siendo impuesta por Dios. Dios tampoco aliviana esa responsabilidad aflojando sus demandas al hombre Dios sigue demandando obediencia perfecta.
El punto al cual quiero llegar es que EN REALIDAD la salvación eterna fue, es y SIGUE SIENDO por medio de la obediencia perfecta a la ley de Dios. Lo fue para Adán, lo fue para los hombres que vivieron en el Antiguo Testamento y lo sigue siendo para nosotros hoy en día. La demanda de Dios es y siempre ha sido esa y no ha cambiado aunque NADIE nunca ha podido ni podrá cumplir con tal demanda divina. La diferencia está entonces en que en el pasado (antes de la cruz), el énfasis estuvo siempre puesto en la necesidad obligatoria para el hombre de seguir los mandamientos de Dios al pie de la letra sin fallar en nada. Esos mandamientos son más que una práctica ‘externa sino como bien lo aclaró Cristo en el Sermón del monte está involucrado ‘el corazón No basta con decir "yo no he matado el simple hecho de sentir ‘rencor hacia el prójimo es suficiente para ser contado como asesino (Mateo 5:21-22). No es decir "yo nunca he cometido adulterio sino que el simple hecho de mirar una mujer y codiciarla es suficiente para ser contado como "adultero (Mateo 5: 27-29) En el sermón del monte Cristo predicó la LEY. Ese fue el comienzo de sus enseñanzas las cuales dice para terminar "sed perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto (Mateo 5:48). Cristo re-enfatizó la LEY en todo su rigor. ¿Cuál fue el propósito? Simplemente que si había alguno que osara decir "yo he cumplido TODA la ley se diera cuenta en realidad no lo había hecho. Por eso Cristo pudo decir "no he venido a abrogar la ley sino a darle cumplimiento. Hasta que Cristo vino NINGUN HOMBRE había podido llenar los requisitos divinos del cumplimiento total y perfecto de la ley.
Volviendo a su pregunta ¿Cómo se salvaban las personas en el Antiguo Testamento? La respuesta es "de la misma manera que se salvan en el Nuevo Testamento Por la gracia de Dios por medio de la fe. El hecho de que el énfasis estuvo antes puesto en el cumplimiento de la ley era con el fin de demostrar "la corrupción y depravación total del hombre. Pero aquellos que eran salvos eran porque POR LA GRACIA DE DIOS entendían que solamente debían poner su fe en Dios y no en las obras de ellos tratando de cumplir los mandamientos de Dios. Por esa razón la Biblia nos habla que en el Antiguo Testamento existía UN REMANENTE (Isaías 10:22; Romanos 9:27) dentro del pueblo de Dios. Como en los días de Elías ese remanente que seguía fielmente a Dios y no se alejaba de Él había sido "escogido por Gracia y por eso permaneció según nos dice el Apóstol Pablo en (Romanos 11:3). Cuando esa gente "ponía su fe en Dios le era contado por Justicia, tal como Abraham (Romanos 4). Es decir Dios les consideraba justos como si NUNCA hubieran quebrantado la ley de Dios (Romanos 5:1). Dios podía decir "son salvos porque son rectos y han cumplido mi ley Es ahí donde entra el asunto de la fe y la salvación por medio de la gracia.
Los sacrificios del pueblo de Israel en el Antiguo Testamento apuntaban hacia la realidad de Cristo muriendo por nuestros pecados (y los de ellos) una vez y para siempre. El sacrificio de un corderito bajo la ley de Moisés tenía validez no porque la sangre del cordero fuera pura, ya el escritor de Hebreos nos dice que tales sacrificos "nada perfeccionaron" y por tanto debían ser hechos continuamente (Hebreos 10), sino que el valor estaba en lo que representaba el sacrificio perfecto de Cristo. De ahí que una persona pudiera ser declarada perdonada después de ofrecer tal sacrificio de acuerdo a la ley. Pero al ser simplemente la sombra de lo venidero debía ser repetido una y otra vez para que el pueblo entendiera que a través de ese sacrificio de un cordero inocente (tal como Adán) lo que estaba funcionando era LA GRACIA DE DIOS como remedio para el que no ha podido cumplir las obras que Dios demanda. Por eso, podemos ver la gracia de Dios en los sacrificios del Antiguo Pacto. Cuando un hombre entendía que había pecado y llevaba su cordero al sacerdote para ‘pagar por su culpa, ese hombre debía de entender que quien debía morir era el mismo y que el corderito había tomado su lugar pero eso requiere "fe.
En el Nuevo Testamento LA DEMANDA DIVINA sigue siendo la perfección ante Dios cumpliendo TODAS las demandas de la ley para poder ser salvo. Si algún hombre pudiera verdaderamente cumplir todas las demandas de Dios, muy ciertamente podría reclamar a Dios con todo derecho "¡Me he ganado la salvación! Y Dios estaría ‘obligado a conceder esa salvación. PERO sabemos que ‘TODOS han pecado y están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23.) La ley en realidad es presentada para "exhibir el pecado POR ESA RAZÓN, el énfasis ya no está puesto en ‘cumplir a la perfección las demandas divinas SINO que se dice al hombre "CREE Y SERES SALVADO La forma de salvación es la misma, el énfasis, sin embargo no es el mismo, por eso el Apóstol Juan puede decir lo siguiente:
Juan 1
17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
¿Quería decir Juan con eso que no había gracia antes de que Cristo viniera? ¡De ninguna manera! Lo que sí significa es que el ‘énfasis ya no es puesto mayormente en "la ley (la demanda divina sobre el hombre) sino en el favor divino de Dios al hombre. En el AT se enfatizaba la obediencia perfecta a la LEY, aunque se ofrecían ‘medios de gracia que funciona por la fe como lo eran los sacrificios continuos, personales y anuales. En el Nuevo Testamento se enfatiza LA FE como el medio de Gracia aunque la LEY de Dios sigue vigente a todos los hombres.
Los que creen en Cristo, ESA FE le es contada por justicia - ¿Cuál justicia? La justicia del que cumple toda la LEY, la justicia de Cristo:
Romanos 3
20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. 21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia,
Dios nos declara justos ante su ley, libres de condenación y merecedores de la vida eterna y por eso "justificados pues por la fe tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo Cuando creemos en Cristo ‘nuestra fe (la cual es don de Dios) nos es contada a nuestra cuenta por justicia. Es decir la justicia de Cristo (el cordero inocente) nos es contada a nosotros. Los teólogos suelen hablar de la ‘obediencia pasiva y la ‘obediencia activa de Cristo. En cuanto a la obediencia activa es referencia a que Cristo en su vida cumplió con TODA la ley perfectamente. Cristo (el Segundo Adán) ha sido le único hombre capaz de cumplir TODA la ley de Dios. La obediencia pasiva es referencia a la manera en que se presentó y puso su vida para morir por los pecados cometidos por TODO su pueblo. Aunque no debemos olvidar que Cristo fue activo en su obediencia pasiva y activo en su obediencia pasiva. Romanos 5:19 nos dice:
19 Porque así como por la desobediencia de un hombre (Adán) los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia [pasiva y activa] de uno (Cristo), los muchos serán constituidos justos.
En fin de cuentas al ser declarados justos por participar "por medio de la fe de la justicia de Cristo somos contados como aquellos que NUNCA han roto la ley divina y por eso somos salvos POR GRACIA por medio de la FE al mismo tiempo que somos salvos por el cumplimiento PERFECTO DE LA LEY que es como Dios nos ve. Por el mensaje central del evangelio dice "si alguno está en Cristo... En Cristo somos declarados perfectos eso es justificación. Tanto antes de la cruz como después de la cruz el sistema es el mismo: ‘SALVACION POR GRACIA POR MEDIO DE LA FE
¿En manos de quien estaba la salvación?
En realidad durante el Antiguo Pacto como durante el Nuevo Pacto la salvación "está en manos del hombre y a la misma vez "está en manos de Dios son dos caras de una misma moneda, recordemos las palabras de Jonás quien dijo en el Antiguo Testamento "la salvación es de Jehová (Jonás 2:9) (la salvación en manos de Dios) y en Habacuc el profeta dice "el justo por su fe vivirá (Habacúc 2:4) (la salvación en manos del hombre). El llamado del evangelio es "arrepentios y convertios y también "tened fe al hombre le es presentado por Dios un mandamiento CREER. El mensaje del evangelio es tanto una ‘oferta como un ‘mandamiento (Hechos 17:30), por eso es pecado no creerlo. En el Antiguo Pacto, siguiendo el propósito del periodo (declarar la ley), el énfasis de la demanda divina era puesta en la ley: "obedeced los mandamientos y al mismo tiempo era "arrepentios y convertios Sin embargo, en realidad tanto allá (AT) como acá (NT) solamente se consigue lo que Dios ofrece por medio de la obra misma de Dios. El pueblo del pasado no podía ‘obedecer debidamente los mandamientos divinos porque para tal cosa era necesaria la "fe que ellos no poseían.
Romanos 9
30 ¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es por fe; 31 mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. 32 ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo
El pueblo del presente, tal como el Israel del pasado no puede obedecer debidamente el llamamiento al arrepentimiento porque tampoco poseen la fe necesaria (Hebreos 11:6):
Romanos 8
7 Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; 8 y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.
Por eso la fe es don de Dios al hombre (Efesios 2, Fil. 1:29) para que este pueda cumplir con las demandas presentadas por el mismo Dios, y esa fe es dada "por gracia divina Como mencionamos arriba en el Antiguo Pacto el remanente que era salvo lo fue por la gracia de Dios y por eso ellos eran fieles ‘creyentes a Dios cosa que los otros no podían hacer.
2da Nota Cristiana
Dios No Se Acordará del Pecado
por Charles Haddon Spurgeon
Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados." Isaías 43: 25.
"Porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado." Jeremías 31: 34.
"Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados, y de sus iniquidades." Hebreos 8: 12.
"Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones." Hebreos 10: 17.
"Porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado." Jeremías 31: 34.
"Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados, y de sus iniquidades." Hebreos 8: 12.
"Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones." Hebreos 10: 17.
Ustedes ven que todos estos textos se asemejan en su declaración de que el Señor no se acordará de los pecados de Su pueblo. He tomado cuatro de ellos con el propósito de hacer que la base de mi sermón sea firme como el diamante. Está escrito: "Por boca de dos o tres testigos se decidirá todo asunto." Entonces, aquí tienen a Isaías y a Jeremías, dos santos del Antiguo Testamento afirmando lo mismo: ¿no es esto suficiente? Sumado a ellos, tienen al autor de la Epístola a los Hebreos, quien, con toda probabilidad, fue Pablo, y estos tres coinciden en lo mismo. Su testimonio unívoco es que Jehová, el Señor Dios, perdonará los pecados de Su pueblo, y lo hará de una manera tan completa, que ya no se acordará nunca más de sus iniquidades.
Ahora, si yo no predicara nada, y simplemente les presentara a su consideración estos cuatro textos, pienso que el servicio debería estar lleno de consuelo para todos los que conocen su culpabilidad y están ansiosos por obtener misericordia. Se medita muy poco en este artículo del credo: "creo en el perdón de los pecados." Los hombres petulantemente declaran que creen en él, cuando no están conscientes de algún gran pecado suyo; pero cuando su transgresión se vuelve evidente para el hombre, y cuando se da cuenta de su iniquidad, entonces se vuelve un asunto muy diferente.
¿Cree una persona no regenerada en el perdón del pecado? No lo creo. Nadie cree sinceramente en el perdón mientras Dios el Espíritu Santo no le enseñe esa verdad, y no la hubiere escrito en su corazón. De ninguna verdad revelada se duda y se descree tanto como de esta, la más clara de todas las revelaciones, que el Señor es clemente y misericordioso, y que está dispuesto a pasar por alto las iniquidades de Su pueblo. Los hombres descreen en cuanto a sí mismos, y dudan en cuanto a los demás cuando el asunto está claramente probado.
Cuando los pecados de un hombre son puestos delante de él, a la luz del rostro de Dios, su primer instinto es temer que sean completamente imperdonables. Aunque no expresara su incredulidad con tantas palabras, sin embargo, en el secreto de su alma, esa terrible convicción se apodera de él, y oscurece cada ventana de esperanza. Mira a la ley de Dios y mientras contempla en esa dirección, ciertamente concluye que no hay remisión, pues la ley no sabe nada del perdón. Afirma: "Haz esto, y vivirás; desobedece, y morirás." La ley fue enviada únicamente para convencer y para condenar. Por la ley viene el conocimiento del pecado, y por su poder los pecadores son encerrados en la prisión de la desesperación, de la cual únicamente nos puede liberar el Señor Jesús.
Lo que afirma la ley, lo apoya también el entendimiento; pues en el interior del hombre que ha despertado está la memoria de sus ofensas pasadas, y, por causa de ellas, su conciencia juzga a su alma y la condena de la misma manera que lo hace la ley. "Dios ha de castigar la maldad", es la expresión de la conciencia; "no sería el juez de toda la tierra si no hiciera lo justo; y si hace lo justo, ha de castigar mis rebeliones con la pena señalada."
Así, el trueno del Sinaí es reverberado por la conciencia. Mientras tanto, muchos instintos e impresiones naturales apoyan e incrementan los clamores de la conciencia; pues el hombre sabe en su interior, como resultado de la observación y de la experiencia, que el pecado acarrea su propio castigo; percibe que es un cuchillo que corta la mano del que lo blande, y una espada que mata al hombre que la utiliza. Como siente que no puede pasar por alto fácilmente las ofensas cometidas por sus semejantes, concluye que el Señor no puede perdonar gustosamente. Esa porción de la dureza de su corazón ayuda a profundizar la convicción de que Dios no pasará por alto su transgresión; y por ello está terriblemente desanimado y desesperanzado de obtener misericordia.
Mientras tanto, el demonio entra con todos los horrores del abismo infernal, y amenaza con una rápida destrucción. Ese mismo espíritu infernal que una vez pintó al pecado en radiantes colores, y puso delante del pecador el atractivo de la impiedad, ahora entra y se torna acusador, anticipa la sentencia final, y endurece el corazón del hombre por medio de la certeza de que no hay esperanza.
Bunyan pinta muy perspicazmente a Diábolo cuando estaba atacando la ciudad de Almahumana, y hace que el Capitán Esperanza Perdida desplegara los rojos colores que eran llevados por el señor Desesperación, y también habla del redoble rugiente del tambor del tirano, que resonaba terriblemente, especialmente durante la noche, de tal forma que los hombres de Almahumana tenían siempre en sus oídos el sonido de: ¡fuego del infierno!, ¡fuego del infierno!, y todo esto con el objeto de impedirles que se sometieran a su príncipe clemente.
De esta manera, por una vez, el diablo coopera astutamente con la ley de Dios y con la conciencia. La ley y la conciencia conducen a los hombres a desesperar de sí mismos, pero Satanás va todavía más allá, y los fuerza a desesperar en lo tocante al propio Señor, como para creer que el perdón por la transgresión es sumamente imposible. El pecador convencido es capaz de creer que la misericordia puede ser mostrada a otros; pero en cuanto a sí mismo, él firma su propia sentencia de muerte, y labora bajo la plena persuasión de que los actos de la misericordia de Dios no pueden nunca extenderse a él. Ningún cepo puede retener a un hombre tan firmemente, como sus propios miedos culpables. El látigo del verdugo nunca torturó a los hombres más cruelmente, como lo hace la conciencia que ha despertado.
Intentaré tratar con los desalentados en este momento, y que el Espíritu Santo, el Consolador, me ayude a consolarlos.
I. Nuestro primer tema es este: HAY PERDÓN. Todos nuestros cuatro textos nos enseñan esa doctrina con gran claridad. ¿No es esa una sublime verdad: "Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados"? ¿Acaso Pablo no lo expresa dulcemente como salido de la propia boca de Dios: "Nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades"? Recuerden cómo el Salmista, en el salmo ciento treinta, hace de esto una nota especial de agradecimiento: "Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado". Adoremos al Señor porque se deleita en la misericordia.
Permítanme demostrarles, tomando un minuto o dos -y espero que sea satisfactorio para ustedes, para aquellos que desesperan- que hay perdón.
Esto se muestra, primero, en el tratamiento que da Dios a los pecadores, en tanto que Él perdona sus vidas perdidas. Cuando nuestros primeros padres transgredieron, merecieron de inmediato el castigo. El Señor visitó el huerto y convenció de su transgresión a los ofensores; pero en lugar de pronunciar allí mismo y esa misma hora su condenación, y en vez de echarlos para siempre de Su presencia, les habló de una cierta simiente de la mujer que heriría la cabeza de la serpiente. La maldición que debía caer, cayó oblicuamente, descendiendo primero sobre la tierra, y secundariamente sobre el hombre; primero sobre la serpiente, y más suavemente sobre la mujer, cuyos propios dolores de parto habían de producir liberación para la raza, y venganza del enemigo. Tanto el hombre como la mujer recibieron una sentencia separada en trabajo y preñeces; pero, oh, cuán benignas fueron estas sentencias comparadas con lo que pudieron haber sido. Cuán feliz fue el hecho de que, por sobre todo, estaba la mano perdonadora de Dios que les permitió vivir, y Su voz alentadora que les prometía la liberación definitiva.
¿Los habría perdonado así el Señor si no hubiese tenido la intención de mostrar misericordia? ¿No habría aplastado a una raza pecadora aun en su embrión, y no habría borrado para siempre a aquellos que, no mucho tiempo después, se arrepintió de haberlos creado en la tierra? Seguramente, el Señor tenía el propósito del perdón cuando se demoró en preguntar: "Adán, ¿dónde estás tú?" En la mañana de la historia humana, la paciencia del Señor se manifestó y dio una promesa de mayor gracia.
Lo mismo es válido para ustedes y para mí. Si Dios no tuviese perdones, ¿no nos habría cortado desde hace mucho tiempo por inutilizar la tierra? Pecamos temprano en nuestras vidas, haciendo el mal con gran desenfreno y terquedad, de acuerdo a la obstinación de nuestros corazones. ¿Por qué no dijo entonces: "Voy a suprimir a estos: sólo irán de mal en peor, e infectarán a otros con sus vicios: por tanto, voy a arrancarlos de raíz para que no se vuelvan dañinos para aquellos que los rodean y una maldición para futuras generaciones"?
Pero no; incluso aquel blasfemo no fue herido de muerte cuando imprecó la condenación sobre sí; tú, que eres quebrantador del día domingo, no fuiste cortado cuando hiciste que el día santo del Señor fuese una oportunidad para la perversión; el que miente no fue convertido en un terrible ejemplo de juicio como Ananías y Safira; el que se distinguió por oponerse a Dios no fue tragado rápidamente como Coré, Datán y Abiram. No, todos ellos han sido preservados, preservados hasta este día: ¿y con qué fin, crees tú? Seguramente, la paciencia de Dios es arrepentimiento, y el arrepentimiento es misericordia. Dios espera largo tiempo porque no quiere la muerte de nadie, sino que se vuelvan a Él y vivan.
En segundo lugar, ¿por qué instituyó Dios la ley ceremonial si no hubiere formas de perdonar la transgresión? ¿Por qué los novillos y los corderos ofrecidos en sacrificio? ¿Por qué el derramamiento de sangre si Dios no hubiera tenido la intención de borrar el pecado? ¿Por qué los holocaustos en los que Dios aceptaba la ofrenda del hombre, si el hombre no pudiera ser aceptado? Ciertamente él no podría ser aceptado si era considerado culpable. ¿Por qué los sacrificios de paz en los que Dios festejaba con el oferente, y los dos se unían compartiendo de ese único sacrificio? ¿Cómo podría ser esto a menos que Dios tuviera el propósito de perdonar y de entrar en comunión con los hombres? Yo confieso que no puedo entender la institución del sacerdocio y del sacrificio a menos que existiera el propósito de otorgar misericordia por medio de ellos.
Además, ¿por qué había un tabernáculo para que Dios habitara con Su pueblo si no quisiera perdonar sus iniquidades? ¿Cómo podría morar con hombres imperdonables? ¿Por qué había un propiciatorio? ¿Por qué había un sumo sacerdote escogido de entre los hombres que debía entrar al lugar santo y hacer una expiación típica? ¿Acaso un tipo no implica la existencia de aquello que es tipificado? ¿Por qué el macho cabrío (Azazel) que quitaba el pecado en símbolo, si el pecado no puede ser quitado en realidad? ¿Por qué la quema del sacrificio fuera del campamento para que el pecado fuera quitado del pueblo de Dios, si el pecado no pudiera ser quitado? Ciertamente, el designio evidente de toda la economía mosaica era revelar al hombre la existencia de la misericordia en el corazón de Dios, y la eficaz operación de esa misericordia quitando el pecado.
Más allá de esto, queridos amigos, si no hubiera perdón de pecado, ¿por qué el Señor ha dado a los hombres pecadores exhortaciones para que se arrepientan? ¿Por qué dice el Señor: "Vuélvete a tu Dios; guarda misericordia y juicio, y en tu Dios confía siempre"? ¿Por qué les dice a los hombres: "Vuelve, oh Israel, a Jehová tu Dios; porque por tu pecado has caído"; "Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien, y te ofreceremos la ofrenda de nuestros labios"? ¿Por qué clama: "Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí, con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento"; "Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios"? ¿Acaso no es porque puede agregarse: "Porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo"? ¿No es verdad, tal como lo dijo Eliú: "El mira sobre los hombres; y al que dijere: pequé, y pervertí lo recto, y no me ha aprovechado, Dios redimirá su alma para que no pase al sepulcro, y su vida se verá en luz"? Si el pecado no pudiera ser perdonado, ¿por qué bajo el Evangelio se nos ordena que exhortemos a los hombres a que se arrepientan del pecado, a confesar sus pecados, y a abandonarlos? ¿No podría haber dicho el Señor: "que se queden solos: su arrepentimiento es inútil: no hay misericordia disponible para ellos, por tanto, que continúen en su iniquidad hasta que sus propios caminos los destruyan"? Incluso el clamor de Juan el Bautista de: "¡arrepentíos!, ¡arrepentíos!", es una nota de esperanza para los transgresores. Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de su ignorancia, ahora, bajo el gobierno del Evangelio, manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan, porque el arrepentimiento tiene la promesa de que el pecado será borrado.
Si lo consideran, verán que debe haber perdones en la mano de Dios, pues de lo contrario, ¿cuál sería el motivo de la institución de la adoración religiosa entre nosotros hasta este día? ¿Por qué se nos permite orar en secreto si no pudiéramos ser perdonados? ¿Cuál sería el valor de la oración en lo absoluto, si ese primero y vital favor del pecado perdonado estuviera completamente más allá de nuestro alcance? ¿Por qué se nos permite cantar las alabanzas de Dios? ¿Por qué nos ha dado el Espíritu Santo el Libro de los Salmos? ¿Por qué se nos pide que usemos salmos e himnos y cánticos espirituales? Dios no puede aceptar las alabanzas de hombres sin perdón; los adoradores deben ser limpiados antes de que se puedan acercar a Su altar con su incienso; si, entonces, se me enseña a cantar y a dar gracias a Dios, ha de ser porque "Su misericordia es eterna". ¿Acaso espera Dios que los condenados le alaben? ¿Acaso nos encerrará en la cárcel para una muerte cierta, y, sin embargo, espera que cantemos aleluyas en alabanza Suya? No puede ser así. Que nos haya ordenado orar y alabar, indica un designio de misericordia para los hijos de los hombres.
Vamos, queridos amigos, ¿acaso habría dos ordenanzas especiales de la casa de Dios, si en esa casa no hubiera remisión del pecado? ¿Por qué el bautismo de los creyentes?: tiene la significación de nuestra muerte en Cristo al pecado. ¿Pero cuál sería la razón de esto si no pudiéramos morir al pecado? Significa en el tipo el lavamiento del pecado. Pero, ¿con qué fin y para qué uso, excepto el del engaño, si no hubiera lavamiento del pecado por la abundante gracia de Dios? ¿Qué significado tiene la Cena del Señor, esa comida del pan con Dios y la bebida de la copa en comunión familiar con Él? ¿Por qué anunciar la muerte de Cristo hasta que Él venga, si en esa muerte no hay virtud, y si Dios no puede tratar con los hombres sobre términos de amor? En verdad las ordenanzas de la casa del Señor están llenas de invitación para aquellos que deploran sus transgresiones y están dispuestos a venir a Jesús en busca de perdón y regeneración. La propia existencia de una iglesia, y de un ministerio evangélico, y la tolerancia de la adoración divina son promesas y profecías del perdón de los pecados.
Qué seguridad de perdón subyace en el ordenamiento, el sello, y la ratificación del pacto de gracia. El primer pacto nos dejó bajo condenación, pero un importante designio del nuevo pacto es conducirnos a la justificación. ¿Cuál es el sentido de un nuevo pacto si nuestra injusticia no puede ser eliminada nunca? ¿Acaso no es este el tenor del pacto según está enunciado en nuestro segundo texto?: que el propio Espíritu Santo sea un testigo para nosotros conforme leemos en la Epístola a los Hebreos: "Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones." ¿Qué dices a esto, oh tú que desesperas? ¿Acaso soñarías que Dios puede mentir y que haría un pacto simplemente para burlarse de los pobres pecadores con una esperanza infundada? Oh, no pienses eso, pues hay perdón.
Además, hermanos míos, ¿por qué instituyó Cristo el ministerio cristiano, y envió a Sus siervos a proclamar Su Evangelio? Pues ¿qué es el Evangelio sino una declaración de que Cristo es exaltado en lo alto para dar arrepentimiento a Israel y remisión de los pecados? ¿Acaso Su grandiosa promesa no es esta: que Dios quitará nuestras transgresiones cuando creamos en Jesucristo, nuestro Grandioso Sacrificio? "Creo en el perdón de los pecados", y si no fuera así, entonces la cruz se habría vuelto una nulidad, y la muerte del Unigénito sería un terrible error. ¿Con qué fin esa heridas sangrantes? ¿Con qué objeto esa cabeza coronada de espinas? ¿Con qué fin ese grito: "Eloi, Eloi, lama sabactani"? ¿Con qué objeto ese clamor: "Consumado es"?
La cruz es la más grande de las realidades, y el núcleo de su significación es quitar el pecado por medio de Aquel que en Su propio ser llevó nuestros pecados en Su propio cuerpo sobre el madero. En verdad hay una fuente abierta para el pecado y para la inmundicia: alma que estás cargada, esa fuente está abierta para ti. Ahora, una vez en el cumplimiento de los tiempos, el Hijo de Dios apareció para quitar el pecado por el sacrificio de Sí mismo: pobre individuo culpable, si tú crees, tu culpa fue quitada por Su muerte expiatoria.
¿Por qué se nos ordena tan perentoriamente que prediquemos este Evangelio a toda criatura, si la criatura que lo escuche y crea en él debe, sin embargo, permanecer todavía bajo su pecado? Nuestro Señor Jesús ha mandado que el arrepentimiento y la remisión de los pecados sean predicados en Su nombre entre todas las naciones, comenzando en Jerusalén; ¿a qué se debe esto, si no hubiera remisión? El genuino amor de Dios es manifestado en Su deseo de que hasta los últimos confines de la tierra sea proclamado que: "la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado." "Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres."
"Transporten, transporten, oh vientos, la historia,
Y ustedes, ustedes las aguas, circúlenla,
Hasta que como un océano de gloria
Se desparrame de polo a polo."
Hay perdón. Por medio del nombre de Jesús, quienquiera que crea en Él, recibirá la remisión de los pecados. "Por medio de él se os anuncia perdón de pecados." "De todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree." Pablo dice: "Dios también os perdonó a vosotros en Cristo", y así es.
Y ustedes, ustedes las aguas, circúlenla,
Hasta que como un océano de gloria
Se desparrame de polo a polo."
Hay perdón. Por medio del nombre de Jesús, quienquiera que crea en Él, recibirá la remisión de los pecados. "Por medio de él se os anuncia perdón de pecados." "De todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree." Pablo dice: "Dios también os perdonó a vosotros en Cristo", y así es.
Ahora, ustedes no necesitan argumentos adicionales, pero si los necesitaran, me aventuro a ofrecer este. ¿Por qué se nos enseña en ese bendito modelo de oración que nuestro Salvador nos dejó, a decir: "Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores", o, "Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden"? Es evidente que Dios tiene el propósito de que demos una absolución real, verdadera y sincera a todos los que nos han ofendido. No tiene el propósito de que juguemos al perdón, sino que debemos realmente y de todo corazón perdonar libre y sinceramente a todos aquellos que nos hayan hecho algún mal del tipo que fuera. Sí, pero entonces Él ha vinculado con ese perdón, nuestra oración pidiendo misericordia, enseñándonos a pedir que nos perdone como nosotros los perdonamos a ellos.
Si, entonces, nuestro perdón fuera real, también lo sería el Suyo; si el nuestro fuera sincero, también lo sería el Suyo; si el nuestro fuera completo, también lo sería el Suyo; aunque lo sería mucho más, en el sentido de que el grandioso Dios de todo, es mucho más lleno de gracia de lo que jamás podamos serlo nosotros, pobres criaturas caídas. Una estrella de esperanza brilla sobre el pecador en la Oración del Señor en esa petición particular; pues pareciera decir: "hay un perdón real, verdadero y sincero de Dios para ti, así como hay en tu corazón un perdón real, verdadero y sincero para aquellos que te ofenden." Esfuérzate en perdonar realmente y de corazón a otros, pues tu propio perdón ha de ser medido de conformidad a eso. Procura hacerlo.
El mejor de todos los argumentos es este: Dios ha perdonado de hecho a multitudes de pecadores. Hemos leído en la Santa Escritura acerca de hombres que caminaron con Dios y recibieron este testimonio, que agradaron a Dios; pero no hubieran podido agradar a Dios si sus pecados todavía lo provocaran a ira; por tanto, debe haber borrado sus pecados. Esos santos del Antiguo Testamento que eran favorecidos divinamente, con quienes Dios sostuvo una dulce comunión, a quienes dio un maravilloso poder en oración, en quienes mostró la majestad de la fe, todos ellos debieron haber sido hombres perdonados; pues el Señor no habría podido caminar con ellos, ni morado en ellos, ni obrado por ellos, ni manifestado Su gloria en ellos, si no los hubiera perdonado.
Pero no necesito hablar de épocas pasadas; hay muchas personas sentadas entre ustedes en este día, que, si les preguntaran, les dirían que gozan de un claro sentido del pecado perdonado. Ellos recuerdan muy bien aquel día feliz cuando Jesús les lavó sus pecados; y su estado de paz, de gozoso privilegio, y de esperanza expectante, es para ellos intensamente deleitable, y puede ser para ustedes un testimonio evidente de que la remisión del pecado es una experiencia real, y es conocida en medio del pueblo de Dios en este día. El pecado puede ser todavía quitado, la mancha que parecía indeleble puede ser lavada, hasta que todo sea blanco como la nieve, por medio de la preciosa sangre de Cristo. Nuestros textos, todos ellos lo declaran, diciendo al unísono: "Perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado."
Que Dios el Espíritu Santo haga uso de estos argumentos para el consuelo de cada pecador que busca aquí y de muchos más que lean este sermón.
II. En segundo lugar, ESTE PERDÓN ES EQUIVALENTE A OLVIDAR EL PECADO. Esto es una maravilla para mí, una maravilla de maravillas, que Dios diga que hará lo que en algún sentido no puede hacer: que use un lenguaje que incluye una imposibilidad, y que sin embargo, sea estrictamente verdad, como es Su propósito. El perdón de Dios del pecado es tan completo que Él mismo lo describe como no recordar nuestra iniquidad y transgresión. He dicho que hay una imposibilidad en ello, y en efecto la hay, porque el Señor no puede, en estricta precisión de lenguaje, olvidar algo: el olvido es una debilidad, y Dios no tiene debilidades. El Señor no ejercita la memoria como lo hacemos ustedes y yo. Nosotros recordamos el pasado, pero Él no tiene pasado: todas las cosas son presente para Él. Dios ve todo de inmediato, mediante una percepción intuitiva: el pasado, el presente, el futuro están delante de Él en una mirada. No podemos hablar, excepto a la manera de los hombres, diciendo que el Señor Dios tiene memoria; y, sin embargo, cuán bendito es que Él mismo use el lenguaje que es corriente entre nosotros, y se represente a semejanza de un hombre, y luego diga: "Nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones." Él quiere que sepamos que Su perdón es tan verdadero y profundo que equivale a un absoluto olvido, una total amnesia de todo el mal realizado por los que son perdonados.
II. En segundo lugar, ESTE PERDÓN ES EQUIVALENTE A OLVIDAR EL PECADO. Esto es una maravilla para mí, una maravilla de maravillas, que Dios diga que hará lo que en algún sentido no puede hacer: que use un lenguaje que incluye una imposibilidad, y que sin embargo, sea estrictamente verdad, como es Su propósito. El perdón de Dios del pecado es tan completo que Él mismo lo describe como no recordar nuestra iniquidad y transgresión. He dicho que hay una imposibilidad en ello, y en efecto la hay, porque el Señor no puede, en estricta precisión de lenguaje, olvidar algo: el olvido es una debilidad, y Dios no tiene debilidades. El Señor no ejercita la memoria como lo hacemos ustedes y yo. Nosotros recordamos el pasado, pero Él no tiene pasado: todas las cosas son presente para Él. Dios ve todo de inmediato, mediante una percepción intuitiva: el pasado, el presente, el futuro están delante de Él en una mirada. No podemos hablar, excepto a la manera de los hombres, diciendo que el Señor Dios tiene memoria; y, sin embargo, cuán bendito es que Él mismo use el lenguaje que es corriente entre nosotros, y se represente a semejanza de un hombre, y luego diga: "Nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones." Él quiere que sepamos que Su perdón es tan verdadero y profundo que equivale a un absoluto olvido, una total amnesia de todo el mal realizado por los que son perdonados.
Ustedes saben lo que hacemos cuando ejercitamos la memoria. Hablando popularmente, un hombre almacena una cosa en su mente: pero cuando el pecado es perdonado, no es acumulado en la mente de Dios. Un cierto asunto ha ocurrido, y lo recordamos: lo atesoramos en nuestra memoria. Leemos que "María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón." Convertimos a nuestra memoria en una especie de bodega, y allí las cosas son preservadas, como frutos de otoño, almacenadas para ser usadas luego. Consideramos que un hombre que tiene buena memoria es afortunado, porque puede acumular cosas en su cerebro que puede alcanzar en el momento necesario.
El Señor no hará esto con nuestros pecados. Él no los guardará en Sus archivos: no le dará acomodo en la casa. El registro de nuestro pecado no será atesorado en la tesorería divina: no clamaremos con Job: "Tienes sellada en saco mi prevaricación, y tienes cosida mi iniquidad."
En cuanto a los impíos, sus pecados están escritos con una pluma de hierro, y la medida de su iniquidad se está llenando diariamente, hasta que sea derramada sobre su propia cabeza: sus pecados les han precedido en el tribunal, y están clamando a gritos por venganza.
En cuanto al pueblo de Dios, su caso es diferente: el Señor no les imputa sus iniquidades, y no las atesora contra un día de ira. Por supuesto que el Señor recuerda sus fechorías, en el sentido de que Él no puede olvidar nada; pero judicialmente, como un juez, Él olvida las transgresiones de los que son perdonados. No están delante de Él en la corte, y no caen bajo Su rango oficial de visión.
Al recordar, los hombres consideran también y meditan sobre las cosas; pero el Señor no pensará en los pecados de Su pueblo. Un mal atroz tiene la propensión a acaparar nuestros pensamientos. A menudo arroja su sombra sobre la mente, y no te puedes deshacer de él. He conocido a algunas personas que rumian una ofensa como una gallina cubre a sus polluelos bajo sus alas. El mal se torna peor conforme lo consideran. Observan cuidadosamente la ofensa desde diferentes ángulos, y mientras que al principio estaban indignados, nutren su ira y la calientan tanto que se torna en furia. Al principio, habrían estado satisfechos con una apología; pero cuando han reflexionado sobre la injusticia, esta parece tan atroz, que demandan venganza contra el ofensor. El Señor misericordioso no hace eso con los que se arrepienten. No; pues Él dice: "Nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones."
El corazón del grandioso Padre no medita en los agravios que hemos cometido: Su mente infinita no está rumiando dentro de sí el relato de nuestras iniquidades. Ah, no. Si hemos acudido apresuradamente a Cristo buscando refugio, el Señor nunca más se acuerda de nuestro pecado. El registro de nuestra iniquidad es borrado, y el juez no guarda una memoria judicial de él.
Algunas veces casi has olvidado algo, y se ha alejado bastante de tu mente; pero ocurre un evento que lo recuerda tan vívidamente que pareciera como si hubiese sido perpetrado sólo ayer. Dios no se acordará del pecado de los que son perdonados. Yo he sido bendecido, gracias a Dios, con una espléndida memoria para olvidar lo que alguien diga o haga en mi contra. Lo olvido, no porque intente hacerlo, sino porque no puedo evitarlo; y por eso no reclamo ningún crédito por ello.
El otro día cuando estaba hablando amablemente con una persona, alguien más me recordó que este hombre me había hecho una gran injusticia hacía años. Yo no me acordaba de ello, y cuando fue traído ante mi mente, yo estaba agradecido por haberlo olvidado, porque de esa manera podía tratar honestamente al hombre como un amigo, como en verdad lo es ahora. La ocurrencia fue desterrada de mi mente hasta que mi memoria fue refrescada al respecto.
La memoria del Señor misericordioso no puede ser refrescada en lo relacionado a los pecados de Su pueblo: han partido más allá de todo recuerdo. "Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones." Tampoco habrá un día oscuro en el que súbitamente el Señor diga: "He estado tratando a este hombre con gracia, pero ahora recuerdo lo que hizo en los años pasados, y debo cambiar mi tono. Recuerdo esa blasfemia que profirió, esa indulgencia criminal en la que cayó, esa borrachera, esa acción deshonesta, esa terrible hipocresía; y aunque he sido amable con él, en justicia he de cambiar mi curso, y castigarlo."
¡No!, ¡no!, este no será nunca el caso con nuestro Señor perdonador. "Nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones." "¡Nunca más!" Dejen que los ecos de esas palabras vayan resonando a lo largo de las cámaras de la desesperación: "¡nunca más!" ¿Acaso no hay música en las dos palabras? La memoria de Dios no será refrescada nunca. Las transgresiones de Su pueblo están muertas y enterradas con Cristo, y nunca tendrán una resurrección: "No me acordaré de sus pecados."
Además, este hecho de no acordarse significa que Dios no buscará nunca alguna expiación adicional. El apóstol dice: "Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado." El único sacrificio de Jesús ha puesto un fin al pecado. Bajo la antigua ley ofrecían un sacrificio expiatorio, pero necesitaban ofrecerlo una y otra vez. Había una recordación de los pecados hecha cada año en el día de la expiación; pero ahora el Bendito ha entrado una vez para siempre tras el velo, y ha quitado el pecado para siempre por el sacrificio de Sí mismo, de tal manera que ya no queda más sacrificio por los pecados. El Señor no demandará nunca otra víctima, ni buscará otra ofrenda expiatoria. Los sufrimientos de Jesús bastan de tal manera que a ningún creyente se le hará sufrir castigo por su injusticia.
Miren esa ficción del purgatorio que está regresando a la Iglesia de Inglaterra, y que es apetecida por ciertos disidentes. Están comenzando a creer en una forma modificada de purgatorio, y este es un signo oscuro de los tiempos. El purgatorio ha remunerado muy bien al Papa; es la provincia más opulenta de sus dominios, y ha provisto su despensa copiosamente. Pero ¿cómo puede el pueblo de Dios ir al purgatorio? Pues si fueran al purgatorio, irían allí por pecados que Dios no recuerda, y así, no podría dar una explicación para enviarlos allá. No poseo una comunicación auténtica por medio de la cual describir el purgatorio, pero de acuerdo al reporte de la iglesia romana, es un lugar terrible; ahora, si los verdaderos creyentes fueran allí, entonces Dios en efecto recuerda sus pecados, que Él mismo dice que no recordará; o, de lo contrario, los castiga por pecados que no recuerda. ¿Acaso oyeron alguna vez de un juez que enviara a un hombre a prisión por un crimen que el juez no recordara? ¿Acaso Dios perdona y olvida y sin embargo castiga?
Les ruego que no crean bajo ningún concepto en un estado intermedio en el que el pecado pueda ser expiado o la condición del hombre pueda ser alterada. Cuando mueran irán ya sea al cielo o al infierno, y será de manera directa, y su estado en cualquiera de los casos será permanente, y fijado eternamente sin la posibilidad de un cambio. Esta doctrina es la piedra angular del protestantismo, y si fuera quitada, queda un vacío en el que todas las doctrinas erradas del papado prontamente encontrarían un nido. Permanezcan firmes en la verdad revelada en la Escritura, y únicamente en ella. Los impíos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna. Si eres perdonado, Dios no recordará nunca tus pecados; de tal forma que, bajo ningún concepto, tendrás que hacer una expiación por ellos alguna vez.
Además, cuando se dice que Dios olvida nuestros pecados, significa que Él no nos castigará nunca por ellos. ¿Cómo podría hacerlo cuando los ha olvidado? También significa que Él nunca nos reprochará por ellos. "Da a todos abundantemente y sin reproche." ¿Cómo podría reprocharnos por lo que ha olvidado? Ni siquiera nos acusará de ellos. Vean lo que dice Ezequiel: "Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas." El apóstol valerosamente pregunta: "¿Quién acusará a los escogidos de Dios?" ¿Acaso lo hará Dios? "Dios es el que justifica", ¿cómo entonces podría acusar? ¿Acaso lo hará Cristo? Él es el Juez; pero Él no puede acusar, pues "Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros." ¿Acaso Jesús intercede por nosotros y sin embargo nos acusa? ¿Acaso saldrán de la misma fuente aguas dulces y aguas amargas? No, eso no puede ser. El Señor ha olvidado nuestros pecados, y por tanto, no nos puede acusar nunca de ellos.
Además, cuando el Señor dice: "No me acordaré de sus pecados", eso sólo puede significar esto: que no nos tratará menos generosamente por el motivo de que hayamos sido grandes pecadores. Tú que has sido el primero de los pecadores, Él no te pondrá en la segunda clase de cristianos, ni te tratará con un amor correspondiente a una segunda categoría. Él ni siquiera recordará que has pecado, sino que te tratará como si hubieses sido perfectamente inocente, y fueras totalmente limpio de toda iniquidad. Él no recordará tus culpas. Vamos, mira cómo el Señor toma a algunos de los peores pecadores, y los usa para Su gloria. ¿Acaso no es esto una prueba de que ha cesado de recordar sus pecados? Cuando pienso en Pedro predicando en el Día de Pentecostés, y tres mil personas siendo convertidas bajo su primer sermón, no pienso más en el delito de Pedro ni en el canto del gallo. Puedo ver que el Señor ha olvidado su triple negación, y lo ha puesto al frente para ser un ganador de almas.
Pero el Señor Jesús no solamente usa a Su pueblo, sino que lo honra grandemente. ¡Qué honores colocó sobre los apóstoles, esos hombres que lo abandonaron y huyeron en la hora de Su pasión! Él le dice a cada uno de ellos: "no me acordaré de tus pecados", pues los hace líderes de Sus huestes, aunque hubieran sido un grupo de fugitivos, y hubieran abandonado a su Maestro en Su hora de peligro.
Vean cuán condescendientemente el Señor ha tomado a algunos aquí presentes, y los ha honrado, y les ha concedido que traigan almas compradas con sangre hacia Él, en prueba de que ha olvidado completamente su pecado. Y luego pensar en que nos adopte en Su familia, a nosotros que fuimos Sus enemigos, y rebeldes, e hijos del demonio. ¿No es maravilloso que nos ponga entre Sus hijos, y que incluso nos haga "Herederos de Dios y coherederos con Cristo"? En verdad, cuando fue escrito el testamento por el cual nos hizo herederos con Cristo, esa fue una clara prueba de que el Padre ya no recordó más nuestras iniquidades. Anotar tales negruras en el mismo testamento con Su propio amado Hijo, y luego decir: "los recibiré y los amaré por pura gracia", esto es una gracia sorprendente.
Hermanos, el amor infinito nos ha hecho ser "aceptos en el Amado", hermosos con la hermosura que Él ha puesto en nosotros; preciosos delante de Él y honorables, joyas en Su estuche, y una corona de gloria para Él. ¿Acaso no es este el signo de perfecto perdón? Con todo Su corazón Él nos cuida para hacernos bien. En verdad, Él nos bendice con bendición; sí, y nos convierte en bendición. Tendremos gracia en la tierra, y gloria en el cielo. Él nos sentará como objetos de Su gracia en el cielo; no en un lugar inferior en los suburbios o detrás de la puerta, sino que nos sentará con Jesús en Su trono, igual que Él se ha sentado con el Padre en Su trono. Estaremos con Él donde Él está, y contemplaremos Su gloria, y seremos por siempre pares en el dominio celestial. Ciertamente todo esto demuestra que Él ha borrado por completo nuestros pecados, y ha resuelto tratarnos como si hubiésemos sido perfectamente inocentes. En verdad los santos son sin mancha delante del trono de Dios; pues han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. Los pecados del creyente no existen más; y "la maldad será buscada, y no aparecerá; y los pecados no se hallarán, porque perdonaré a los que yo hubiere dejado, dice Jehová."
¿Quién es un Dios perdonador como Tú?
¿Y quién tiene gracia tan rica y gratuita?
¡Oh, que Dios consolara a Sus dolientes por este sermón! Tengo una noción en mi cabeza que si cuando estaba bajo el sentido de pecado hubiera podido oír este tema tratado de esta manera, habría encontrado libertad de inmediato. Aunque había estado oculto en el asiento trasero de un balcón fuera de la vista, si sólo hubiera escuchado de una misericordia como esta, me habría apresurado a aceptarla. No puedo decir cómo podría haber sido, pues no recuerdo haber oído una declaración tan clara de la gracia ilimitada.
¿Y quién tiene gracia tan rica y gratuita?
¡Oh, que Dios consolara a Sus dolientes por este sermón! Tengo una noción en mi cabeza que si cuando estaba bajo el sentido de pecado hubiera podido oír este tema tratado de esta manera, habría encontrado libertad de inmediato. Aunque había estado oculto en el asiento trasero de un balcón fuera de la vista, si sólo hubiera escuchado de una misericordia como esta, me habría apresurado a aceptarla. No puedo decir cómo podría haber sido, pues no recuerdo haber oído una declaración tan clara de la gracia ilimitada.
Oh, cómo oro y espero que el Señor conduzca a alguna pobre alma a aceptar esta indecible bendición. Vengan, ustedes que son culpables conscientes, y toquen el cetro de plata de su reinante Salvador. Él está listo para perdonar: la expiación fue hecha y aceptada; el Salvador que murió ha resucitado otra vez; por lo tanto, vengan a Él, y tengan paz. ¡Oh, que el bendito Espíritu los conduzca a sentir el poder de la sangre reconciliadora!
III. Concluyo con el hecho bendito de que EL PERDÓN HA DE RECIBIRSE. ¿Cómo ha de recibirse? Permítanme hablar brevemente, y capten cada palabra y mediten en ella. El perdón ha de recibirse a través de la sangre expiadora. ¿Por qué olvida Dios nuestro pecado? Es por esto: Él mira a Su Hijo Jesús cargando con el pecado. ¿Pensaron alguna vez en lo que Dios el Padre ve en Jesús sobre la cruz? Ustedes y yo hemos visto lo suficiente para quebrantar nuestros corazones, pero cuando el Padre vio a Su Unigénito sufriendo hasta la muerte, esto causó tal infinita impresión sobre Su grandiosa alma, que olvidó los pecados por los que Su Hijo dio Su vida. Al intervenir esa nueva cosa, la cosa más maravillosa que Dios tiene en Su corazón, la muerte de Su Unigénito, se realizó una limpieza total en la eterna memoria de todas las transgresiones de aquellos por los que murió Cristo. Así nos describe Él el misterio del amor perdonador.
Queridos corazones, pónganse bajo la sombra de la cruz del Redentor. Confíen en Jesucristo ahora, y esa sangre es en este instante y en este punto aplicada a ustedes, y sus pecados no serán recordados nunca más, porque Él recuerda el sufrimiento de Su Hijo en el lugar y posición de ustedes.
A continuación recuerden que este olvido de Dios es motivado por sobreabundante misericordia. Dios es amor: "Su misericordia es eterna"; y Él deseaba una salida para Su amor. Su grandioso corazón estaba colmado de un deseo de manifestar la gracia que llenaba Su naturaleza: Él es lleno de gracia, y quiere otorgarla; y debido a esa resolución divina, Él echa nuestros pecados a Su espalda.
¡Vengan, entonces, si desean que sus pecados sean perdonados! Vengan e inclínense delante de la misericordia de Dios. No argumenten mérito sino misericordia. No se atrevan a acercarse al Señor bajo los términos de la ley, sino acérquense bajo los términos de la gracia. Aquí hay una palabra para ustedes que fue pronunciada por un eminente santo cuando se acercaba a su Dios: "Señor, yo soy el infierno, pero Tú eres el cielo". Aquí tenemos una plena descripción tuya, y una bendita descripción de Dios, como pueda ser descrito. Ven, entonces, pobre merecedor del infierno, y ocúltate en el cielo del amor eterno, y será un refugio de paz para ti por siempre.
¿Cómo olvida Dios el pecado? Bien, es a través de Su amor eterno. Él amó a Su pueblo antes de que cayera; y Él amó a Su pueblo cuando cayó. "Con amor eterno" -dice Él- "te he amado"; y cuando ese gran amor Suyo lo hubo conducido a entregar a Su Hijo Jesús como rescate de Su pueblo, lo hizo olvidar los pecados de Su pueblo. El Señor amó de tal manera a Sus escogidos que dijo: "No ha notado iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel." Habiendo mostrado Su amor por el don de Jesús, ese amor ha cubierto una multitud de pecados.
Entonces, ¿no ves que si quieres entrar en este perdón, este olvido del pecado, has de venir a Dios en los términos de Su amor voluntario, y pedirle que te perdone porque Su nombre es amor? "Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones."
Además, Dios olvida los pecados de Su pueblo, debido a la complacencia que tiene en ellos como criaturas renovadas y santificadas. Cuando oye sus clamores de arrepentimiento, cuando oye sus declaraciones de fe, cuando ve el amor que Su Espíritu ha obrado en ellos, cuando los contempla creciendo más y más a semejanza de Su amado Hijo, se deleita en ellos. Su gozo es cumplido en ellos. Él está muy complacido con ellos, y tiene comunión con ellos amorosamente. Observa sus signos de gracia y los acepta, y nunca más recuerda sus iniquidades.
Oh, entonces tienes que venir a Dios, y pedirle que te cambie, y que te renueve, para que tenga complacencia en ti. Ven y suplícale que puedas nacer de nuevo y que seas hecho una nueva criatura en Cristo Jesús, pues esto es necesario si eres perdonado. No puede haber perdón de pecado donde no hay una renovación de corazón, y eso debe venir de Dios por Su gracia soberana únicamente.
Oh, tú que quieres recibir el perdón del pecado, ven por él esta mañana de la manera señalada por Dios. "Arrepentíos" dice Él; esto es, lamenta tu pecado; cambia tu mente acerca del pecado y ódialo, aunque una vez lo hayas amado. Luego confiésalo, pues Él dice: "Reconoce, pues, tu maldad." Llega a casa y lamenta tu transgresión delante de tu Señor ofendido, sinceramente, plenamente, y con profunda pena, y entonces Él quitará tu pecado, pues está escrito que quien confiesa y abandona su pecado encontrará misericordia. Esta es la manera, entonces. Reconoce que eres culpable pero pide que no seas más culpable.
Lo más importante de todo es: "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo", y esa salvación incluye un acto de amnistía y olvido en cuanto a todos tus pensamientos, y palabras y actos pecaminosos. Confía en el Señor Jesucristo. Ese es el meollo del asunto. Confíate en las manos que fueron clavadas a la cruz por ti: confíate al amor del corazón que fue traspasado con una lanza, y de inmediato brotó sangre y agua. ¿Has hecho esto? Entonces incluso ahora mismo eres perdonado: tu pecado ha desaparecido; es arrojado en las profundidades del mar. Camina por esos pasillos con tu corazón danzando dentro de ti de deleite, pues nadie te puede acusar ahora, puesto que eres un creyente en el Señor Jesús. Dios no imputa iniquidad al hombre que se ha apoyado en el Salvador.
Puedes irte y no olvides nunca tu pecado ni la misericordia que lo ha perdonado. Arrepiéntete siempre y alaba siempre al Señor. Honra el olvido de Dios cuando no recuerda tus delitos, y a partir de este momento proclama estas benditas nuevas a todo el que veas: hay perdón, tal perdón como nunca se escuchó antes hasta que Dios mismo lo reveló cuando dijo de Su pueblo: "Nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones." Que Dios los bendiga, queridos amigos, en adelante y para siempre. Amén.
Porción de la Escritura leída antes del sermón: Jeremías 31: 15-37.
1era Nota Cristiana
DEL CONOCIMIENTO DE DIOS Y DE NOSOTROS MISMOS
Juan Calvino
1. TODOS LOS HOMBRES VIVEN PARA CONOCER A DIOS
Ni siquiera entre los bárbaros y completamente salvajes es posible encontrar un hombre que carezca de cierto sentido religioso; y esto es debido a que todos nosotros hemos sido creados para este fin: conocer la Majestad de nuestro Creador y, una vez conocida, tenerle en gran estima por encima de todo, y honrarle con todo temor, amor y reverencia.
Dejando aparte a los infieles, que solo tratan de borrar de su memoria este sentido de Dios, implantado en sus corazones, nosotros, los que hacemos profesión de piedad, hemos de tener presente que esta vida caduca y que pronto terminará, no debería ser otra cosa sino una meditación de la inmortalidad. Ahora bien, en ninguna parte podemos encontrar la vida eterna e inmortal, si no es en Dios. Por tanto, el principal cuidado y preocupación de nuestra vida debe consistir en buscar a Dios y aspirar a Él con todo el afecto de nuestro corazón y encontrar el único reposo sólo en Él.
2. DIFERENCIA ENTRE LA VERDADERA Y LA FALSA RELIGION
Nadie querrá ser considerado como absolutamente indiferente a la piedad y al conocimiento de Dios, ya que está demostrado, por consentimiento general, que si llevamos una vida sin religión, vivimos miserablemente y no nos distinguimos en nada de las bestias.
Pero existen maneras muy diversas de manifestar la religión de cada uno; pues la mayoría de los hombres no obran precisamente movidos por el temor de Dios. Y puesto que, quiéranlo o no, se sienten como obsesionados por esta idea que continuamente les viene a la mente: "que existe alguna divinidad cuyo poder les mantiene de pie o les hace caer"; impresionados, de una u otra forma, por el pensamiento de un poder tan grande, le profesan cierta veneración por miedo a que se enoje contra ellos mismos si le desprecian demasiado. Sin embargo, al vivir fuera de Su ley y rechazar toda honestidad, demuestran una gran despreocupación, pues están menospreciando el juicio de Dios. Por lo demás, como no conciben a Dios según su infinita Majestad, sino según la loca e irreflexiva vanidad de su mente, de hecho se apartan del verdadero Dios. He aquí por qué, aun cuando hagan un esfuerzo cuidadoso por servir a Dios, esto no les vale para nada, ya que en vez de adorar al Dios eterno, adoran, en su lugar, los sueños e imaginaciones de su corazón.
Ahora bien, la verdadera piedad no consiste en el temor, el cual muy gustosamente eludiría el juicio de Dios, pues le tiene tanto más horror cuanto que no puede escapar a él; sino más bien en un puro y auténtico celo que ama a Dios como a un verdadero Padre y le reverencia como a verdadero Señor, abraza su justicia y tiene más horror de ofenderle que de morir. Y cuantos poseen este celo no intentan forjarse un dios de acuerdo con sus deseos y según su temeridad, sino que buscan el conocimiento del verdadero Dios de Dios mismo, y no lo conciben sino tal y como se manifiesta y se da a conocer a ellos.
3. LO QUE DEBEMOS CONOCER DE DIOS
Como la Majestad de Dios sobrepasa en sí la capacidad del entendimiento humano e incluso es incomprensible para éste, tenemos que adorar su grandeza más bien que examinarla para no vemos completamente abrumados con tan grande claridad.
Por esto debemos buscar y considerar a Dios en sus obras, a las que la Escritura llama, por esta razón,
"manifestaciones de las cosas invisibles" pues nos manifiestan lo que, de otro modo, no podemos conocer
del Señor.
No se trata ahora de especulaciones vanas y frívolas para mantener nuestro espíritu en suspenso, sino de algo que necesitamos saber, que es alimento y que confirma en nosotros una auténtica y sólida piedad, es decir, la fe unida al temor . Contemplemos, pues, en este universo la inmortalidad de nuestro Dios, de quien procede el principio y origen de todo lo que existe; su poder que ha creado un tan gran conjunto y ahora lo sostiene; su sabiduría que ha compuesto y gobierna una variedad tan grande y tan diversa según un orden exquisito; su bondad que ha sido en sí misma causa de que hayan sido creadas todas estas cosas y de que ahora subsistan; su justicia que se manifiesta de un modo maravilloso en la protección de los buenos y en el castigo de los malos; su misericordia que, para movemos al arrepentimiento, soporta nuestras iniquidades con tan gran dulzura.
Por cierto que este universo nos enseñaría, en la medida que lo necesitamos, y con abundantes testimonios, cómo es Dios; pero somos tan rudos que estamos ciegos ante una luz tan brillante. Y en esto no pecamos sólo por nuestra ceguera, sino que nuestra perversidad es tan grande que, al considerar las obras de Dios, todo lo entiende mal y torcidamente, tergiversando por entero toda la sabiduría celestial que, muy al contrario, resplandece en ellas con gran claridad.
Tenemos, pues, que detenemos en la Palabra de Dios que nos describe a Dios de un modo perfecto por sus obras. En ella se juzgan sus obras no según la perversidad de nuestro juicio, sino según la regla de la eterna verdad. Allí aprendemos que nuestro único y eterno Dios es el origen y fuente de toda vida, justicia, sabiduría, poder, bondad y clemencia; que de Él procede, sin excepción alguna, todo bien; y que, por consiguiente, a Él se le debe con justicia toda alabanza.
Y aunque todas estas cosas aparecen claramente en cualquier parte del cielo y de la tierra, en definitiva sólo la Palabra de Dios nos hará comprender siempre y con toda verdad el fin principal hacia el que tienden, cuál es su valor, y en qué sentido tenemos que interpretarlas. Entonces profundizamos en nosotros mismos y aprendemos c6mo manifiesta al Señor en nos otros su vida, su sabiduría, su poder; y cómo obra en nosotros su justicia, su clemencia y su bondad
4. LO QUE DEBEMOS CONOCER DEL HOMBRE
El hombre fue, al principio, formado a imagen y semejanza de Dios para que, por la dignidad de que tan noblemente le había Dios revestido, admirase a su Autor y le honrase con el agradecimiento que se debía.
Pero el hombre, confiando en la excelencia tan grande de su naturaleza, olvidó de dónde procedía y quién le hacia subsistir, y pretendió alzarse contra el Señor. Fue, pues, necesario que se le despojase de todos los dones de Dios, de los cuales se enorgullecía locamente, para que así, privado y desprovisto de toda gloria, conociese al Dios que le había enriquecido con generosidad y a quien se había atrevido a despreciar.
Por lo cual, todos nosotros, que procedemos de Adán, una vez que esta semejanza de Dios ha desaparecido de nosotros, nacemos carne de la carne. Pues, si bien estamos compuestos de alma y cuerpo, sentimos siempre y únicamente la carne, de suerte que sea cual fuere la parte del hombre sobre la que fijemos nuestros ojos, sólo podemos ver cosas impuras, profanas y abominables para Dios. Pues la sabiduría del hombre, cegada y asediada por innumerables errores, se opone continua mente a la sabiduría de Dios; la voluntad perversa y llena de afectos corrompidos a nada profesa más odio que a su justicia; las fuerzas humanas, incapaces de cualquier obra buena, se inclinan furiosamente hacia la iniquidad.
5. DEL LIBRE ALBEDRIO
La Escritura atestigua con frecuencia que el hombre es esclavo del pecado; lo que quiere decir que su espíritu es tan extraño a la justicia de Dios que no concibe, desea, ni emprende cosa alguna que no sea mala, perversa, inicua y sucia; pues el corazón, completamente lleno del veneno del pecado, no puede producir sino los frutos del pecado.
No pensemos sin embargo que el hombre peca como impelido por Una necesidad ineludible, pues peca con el consentimiento de su propia voluntad continuamente y según su inclinación. Pero como a causa de la corrupción de su corazón odia profundamente la justicia de Dios, y por otro lado le atrae toda suerte de maldad, por eso se dice que no tiene. El libre poder de elegir el bien y el mal --que es lo que llamamos libre arbitrio.
6. DEL PECADO Y DE LA MUERTE
El pecado, según la Escritura, es tanto esta perversidad de la naturaleza humana que es la fuente de todo vicio, como los malos deseos que nacen de ella, y los injustos crímenes que éstos originan: homicidios, hurtos, adulterios y otros parecidos. Así, pues, todos nosotros, pecadores desde el vientre materno, nacemos sometidos a la cólera y a la venganza de Dios.
Y cuando ya somos adultos, acumulamos sobre nosotros, cada vez más pesadamente, el juicio de Dios.
Por último, durante toda nuestra vida, avanzamos más y más hacia la muerte.
Pues si no hay duda alguna de que cualquier iniquidad es odiosa para la justicia de Dios, ¿qué podemos esperar ante Él, nosotros que somos miserables y estamos abrumados por el peso de tanto pecado y manchados con innumerables impurezas, sino una confusión segura, según su justa indignación?
Este conocimiento, aunque aterra al hombre y le llena de desesperación, nos es sin embargo necesario para que, desnudos de nuestra propia justicia, privados de toda confianza en nuestras propias fuerzas, y desprovistos de cualquier esperanza de vida, aprendamos, comprendiendo nuestra pobreza, miseria e ignominia, a postramos ante el Señor, reconociendo nuestra iniquidad, impotencia y perdici6n, sepamos adscribirle toda la gloria por la santidad, el poder y la salvación.
7. COMO SOMOS ENCAMINADOS A LA SALVACION y A LA VIDA
Si este conocimiento de nosotros mismos, que nos muestra nuestra nada, ha penetrado verdaderamente en nuestros corazones, entonces nos será fácil el acceso al verdadero conocimiento de Dios. Este Dios ya nos ha abierto una especie de primera puerta en su Reino, al destruir estas dos nefandas pestes: la seguridad de que no nos ha de alcanzar su venganza, y la falsa confianza en nosotros mismos. Entonces comenzamos a levantar hacia el cielo aquellos ojos hasta ahora fijos y clavados en tierra, y suspiramos por el Señor los que sólo descansábamos en nosotros mismos.
Y por otra parte este Padre misericordioso, aun cuando nuestra iniquidad merece un trato bien distinto, se revela entonces voluntariamente a nosotros según su bondad inenarrable, cuando precisamente estamos tan afligidos y aterrorizados. Y por los medios que conoce son útiles a nuestra debilidad, nos llama del error al recto camino, de la muerte a la vida, de la ruina a la salvación, del reino del diablo a su propio reino. Para todos aquellos a quienes se digna conceder de nuevo la herencia de la vida celestial, establece el Señor como primera etapa que se sientan entristecidos en sus conciencias, cargados con el peso de sus pecados y estimulados a permanecer en su temor; y por eso nos propone, para comenzar, su Ley, la cual nos ejercita en este conocimiento.






